A todas las chicas nos gusta ir de compras alguna vez y llegar a casa con una prenda nueva que nos hará sentir más sofisticada, elegante, moderna o femenina. Para muchas, es la forma perfecta de expresarnos y de definir nuestro estilo o incluso nuestra personalidad. Pero cuando este ‘hobbie ocasional’ se convierte en una verdadera pasión que nos obliga a ir de tiendas varias veces al mes y cargar de camino a casa cuatro o más bolsas llenas de las nuevas tendencias de la temporada; cuando nos sentimos insatisfechas y queremos más, y más y más, y sin embargo nos invade la culpa porque sabemos en el fondo que en nuestro armario ya no caben más vestidos ni botines, y visitamos los centros comerciales solas para después ocultar nuestras nuevas adquisiciones, todo indica que algo va mal, que se trata de un trastorno psicológico que necesita solucionarse.
Porque nadie dijo que añadir varias prendas nuevas a nuestro guardarropa fuese delito, pero sí que supone un problema no llegar a fin de mes y anteponer estas compras a algo tan básico como el dinero necesario para comer.
Una de las diferencias entre una compradora compulsiva y una persona que de vez en cuando compra ropa nueva, es que la primera escogerá sus nuevas prendas en base a su impulso, mientras que la segunda se probará diferentes vestidos, visitará varias tiendas, y después de muchas comparaciones escogerá el que más le guste.
Alguna vez he llegado a leer que las personas adictas a las compras -que no tienen por qué ser mujeres necesariamente- llegan incluso a rechazar el concepto de las ‘rebajas’, por amor a adquirir las prendas nada más salgan al mercado, e incluso visten la ropa de la próxima temporada aunque aún haga demasiado calor para este abrigo trench, por el simple hecho de lucirlo cuanto antes.
Si te sientes identificada, debes saber que no estás sola, y que aproximadamente una de cada veinte personas tienen este trastorno. Lo importante es reconocer el problema y decidir que es hora de remediar esta situación para así evitar más problemas económicos. Ponte límites cada vez que salgas de compras y decide con anterioridad qué es lo que estás buscando en concreto y qué tipo de prendas necesitas, para buscar solamente ésas una vez estés en tu tienda favorita. Paga en efectivo, pues con una tarjeta de crédito notarás en menor medida cómo de rápido se va el dinero cuando estamos en un lugar como un centro comercial.

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