Desde que se produjeron los hechos, no he sido capaz de hacer ninguna declaración pública, de acuerdo con el consejo de mi abogado francés. Sin embargo, ante la pasividad de la fiscalía francesa, me veo obligado a expresarme.
Así empezaba la versión de Galliano sobre los hechos que desde la semana pasada son noticia y que le han llevado a dejar de ser el director creativo de Dior. Un vídeo en el que el diseñador aparece ebrio, exhaltando el nazismo y criticando el judaísmo le llevaba de lo más alto en el mundo de la moda a lo más odiado en este mundo y en el popular.
El diseñador entiende que su forma de actuar “haya podido resultar chocante”, pero se defiende alegando que fue “víctima de un ataque verbal, cuando un individuo intentó golpearme con una silla, tras criticar mi look y mi ropa” en un altercado en el Café La Perle de París. “Por todo ello, he iniciado los procedimientos por difamación y amenazas que recibí”, asegura. Pero por mucho que se defienda, nada justifica que dos cuestiones: que realmente tenga esta opinión y que además la exponga sin miramientos.
Además de esto, sigue asumiendo que su actuación no fue correcta aunque no hace mención de si realmente estos son o no sus pensamientos. El último recurso del diseñador es alegar a su experiencia y al trabajo duro durante toda su vida, algo que nadie le puede arrebatar.
Sólo me puedo culpar a mí mismo, y sé que debo asumir mis fallos, y que debo trabajar duro para ganar la comprensión y compasión del público. Estoy pidiendo ayuda, y espero enmendar el fallo que condujo a esas circunstancias para tratar de conseguir el perdón de la gente.
Toda mi vida he luchado contra los prejuicios, la intolerancia y la discriminación que he sentido hacia mí mismo. En mi trabajo la inspiración es unir a la gente de todas las razas, credos, religiones y sexualidades, celebrando su diversidad cultural y étnica a través de la moda. Y esa sigue siendo la luz que me guía.
Un discurso muy razonable que a estas alturas no resulta convincente.
